El (no) “caso Kutxabank”

Conforme avanza la vista que ha sentado en el banquillo de los acusados al expresidente de Kutxabank, Mario Fernández, al exdelegado del Gobierno español en Euskadi, Mikel Cabieces, y...
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Conforme avanza la vista que ha sentado en el banquillo de los acusados al expresidente de Kutxabank, Mario Fernández, al exdelegado del Gobierno español en Euskadi, Mikel Cabieces, y al abogado Rafael Alcorta, el conocido como ‘caso Cabieces’, más dudas se siembran sobre el origen y motivo de la denuncia presentada en su día por el actual presidente de la entidad, Gregorio Villalabeitia, contra quien fuera su predecesor en un caso que, según avanzan las jornadas, se van esfumando los argumentos de la acusación y suena más a vendetta de origen profesional que a un acto presuntamente delictivo.

Y es que el propio Mario Fernández hizo estallar en pedazos al inicio de las sesiones la principal línea de flotación de sus acusadores. Declaró alto y claro que, efectivamente, la contratación de Mikel Cabieces se había llevado a cabo para buscar una salida profesional a quien fuera delegado del Gobierno y que esta era una práctica habitual con quienes estaban en primera línea de la lucha antiterrorista. Argumento, por cierto, que nadie ha rebatido porque, efectivamente, se trataba de una práctica muy habitual aunque no se hiciera pública.

Pero sin duda, fue la jornada de ayer la que evidenció de una forma meridianamente clara lo extraño de este caso. Por un lado, el director de la auditoria interna de Kutxabank, Roberto Moll, declaró que la entidad no comprobó si Mikel Cabieces había trabajado o no para Kutxabank, algo sorprendente para quien dirige una auditoría interna, y que elaboró el informe que sirvió para denunciar a Mario Fernández, tan solo con las declaraciones del director de recursos humanos de la entidad, pero sin realizar ninguna verificación, algo aún más sorprendente todavía.

Una extraña situación que corroboró la consejera del banco y entonces presidenta de la comisión de auditoría, María Victoria Mendia, quien reconoció que los únicos elementos de prueba valorados fueron el informe antes citado, con el agravante de que reconoció en sala judicial que ningún miembro de la comisión de auditoria o del consejo se lo había leído. Mendia finalizó asegurando que se guiaron única y exclusivamente por el relato del autor del informe, que ya había reconocido anteriormente que no comprobó nada, y del presidente del banco vasco, Gregorio Villalabeitia.

Un presidente que ocultó a su predecesor que ya se había elaborado una auditoria interna, que el asunto estaba en los órganos de gobierno de la entidad y que se habían dado los primeros pasos para una denuncia ante Banco de España y Banco Central Europeo. La velada acusación que se le hizo a Mario Fernández de que había dañado los intereses de la entidad fue lo que llevó a este a ingresar en Kutxabank los 240.000 euros que había cobrado Cabieces, sin saber todos los pasos que ya se habían dado a sus espaldas porque, como declaró el propio Fernández, “de haberlo sabido no habría ingresado esa cantidad,  no quise reconocer con ello una culpa, sino que me indignaba que alguien pudiera pensar que yo había perjudicado al banco”.

En cualquier caso, en los días de vista que han transcurrido, nadie todavía ha considerado como “irregular” la contratación de Cabieces ni nadie ha puesto en duda que trabajara para el despacho de Alkorta. En resumen, todo va apuntando poco a poco a conspiraciones de palacio de las altas esferas financieras en vez de a un caso real.

 

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