La Brunete Mediática, el chaval bilbaíno y Alsasua

Un artículo de Basilio Lakort
inda

Cuando el mundo era mundo y nos poníamos de pie para escuchar el himno de la Unión Soviética en las Olimpiadas, Xabier Arzallus solía acostumbrar a animar el cotarro los domingos por la mañana. A la hora del Ángelus, como procede. Era todo un clásico, como el Martini del mediodía o el Carrusel de la tarde, con su correspondiente gol en el Heliodoro Rodríguez López.

El caso es que una de sus grandes perlas domingueras fue cuando se refirió en épocas turbulentas a cierta prensa capitalina que soltaba las trolas en cadena como La Brunete Mediática. Eran los tiempos de Ibarretexe y su plan, cuando Javier Vizcaino recogía todas las barbaridades en su Cocidito Madrileño, en aquellas elecciones de 2001 en las que Aznar iba camino de Bilbao la noche electoral y dio media vuelta en una rotonda de Burgos cuando empezaron a contarse votos o cuando esa misma noche, sobre el puente de Deusto y mamado como un bucanero, un periodista de alto rango en un periódico capitalino de renombre arrojo un buen número de ejemplares de su publicación a la ría exclamando; “tantas mentiras que hemos contado para esta puta mierda”.

Me ha venido todo esto a la cabeza hoy a la mañana, leyendo el TL del chaval de Bilbao herido en el atentado de Berlín. No hay que ser ingeniero de Caminos, Canales y Puertos para intuir que le iba a caer la del pulpo por parte de la vanguardia más vanguardista con altavoz y megáfono en Villa y Corte. Y así ha sido. La publicación digital del nunca bien ponderado Eduardo Inda, el periódico de los incorfomistas según ellos mismos, lo acusa, directamente, de defender el terrorismo, aunque, evidentemente, no hay un solo tuit que lo evidencie. Pero tienen barra libre, y lo saben.

Como llevan mes y medio, y desgraciadamente no solo la publicación de Inda, creando un clima y una imagen de un pueblo decente como Alsasua para que parezca un sucedáneo de Alepo. Han mentido a calzón quitado, han mandado presuntos reporteros que parecía que estaban entrando en la Raqa del Estado Islámico, cuando a Alsasua se entra por la carretera, a mano derecha yendo de Pamplona o de Gasteiz y a mano izquierda desde Donosti.

Han creado, y lo han conseguido no nos engañemos, vender una imagen de Alsasua para que en Almendralejo el paisano del bar sentencie que “se lo tienen merecido”. El pueblo ya ha quedado marcado a fuego por una condenable agresión. Nadie de los aguerridos reporteros de guerra que han acudido ha reparado que 450 vecinos de un pueblo de 7.000 habitantes son miembros de una asociación de apoyo a una clínica puntera a nivel estatal en cuidar a enfermos de Alzheimer.

Que 450 vecinos se turnen en Auzolan para arreglar las cañerías, pintar las paredes, cambiar las puertas, cuidar el jardín y hacer más apacible la vida a los internos es una cuestión menor, no merece mención alguna porque lo importante es pillar audiencia, y pasta, en Moratalaz. Lo que califica a Alsasua es una bronca en un bar a las 5 de la mañana en las fiestas patronales, no la solidaridad con los más desfavorecidos.

Y esos mismos que cuentan a los alsasuarras como se vive en Alsasua desde despachos en La Castellana son los que se ponen el par de gafas de ver para, con la vena erguida e impasible el ademán, criticar sin contemplaciones a los que no respetan la presunción de inocencia de Rita Barbera y, a los cinco minutos, calzarse el par de gafas de no ver y publicar en primera página, fotos, nombres, edades y dorsales de siete detenidos. Son la Brunete mediática en estado puro, y lo seguirán siendo porque siempre les ha valido.

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