EL DEDO QUE SEÑALA LA LUNA (Un artículo Izaskun Bilbao Barandica, europarlamentaria de EAJ-PNV)

Un artículo Izaskun Bilbao Barandica, europarlamentaria de EAJ-PNV
Izaskun Bilbao Barandica
Izaskun Bilbao Barandica

Esta semana el lehendakari Urkullu ha completado una agenda institucional de alto nivel en Bruselas marcada por la defensa de varias propuestas con innegable acento social y por la ratificación desde la capital comunitaria de que la especificidad vasco navarra en materia de financiación esta tan normalizada en el panorama europeo que no es objeto de la mínima controversia.

He puesto el acento  en estas dos cuestiones porque son coherentes con una trayectoria de décadas del nacionalismo vasco institucional y están vinculadas a políticas concretas que han convertido a Euskadi en un referente en muchas materias para las instituciones comunitarias. Son además buenos indicadores para medir el nivel de racionalidad, veracidad y ética que marca en ocasiones el debate político y su reflejo mediático en España.

Ateniéndome al orden en que he mencionado estas cuestiones recuerdo que el lehendakari Urkullu puso sobre la mesa esta semana en Bruselas propuestas para reconducir las políticas de austeridad, acelerar las medidas de apoyo a la economía real y ofrecer alternativas bien concretas al drama que está generando la indecente respuesta que los estados miembros ofrecen a las propuestas comunitarias para humanizar el drama de los refugiados. Todas ellas son coherentes tanto con las actuales políticas que en estos campos desarrollan las instituciones vascas per también con la historia y las aportaciones que el nacionalismo institucional realizó en los albores del proyecto europeo a través de su participación en los Nuevos Equipos Internacionales o mediante su participación en el Congreso de la Haya.

El carácter socialcristiano del nacionalismo institucional ha estado presente en sus políticas institucionales desde que tuvo oportunidad de gestionar instituciones públicas y sus efectos están patentes en todos los ratios que miden la progresividad e intensidad de las políticas sociales en la Unión Europea. Baste como dato, recordar que cerca del 40% de los recursos que se invierten en España en financiar Rentas Básicas de Inserción se desembolsan en y desde las instituciones vascas.  Por eso para el Presidente Juncker, perfecto conocedor de esta trayectoria, que se opuso con su voto a la pretensión de Aznar de expulsar al PNV de la Democracia cristiana Europea, las propuestas de Urkullu no fueron ninguna sorpresa. Es la plasmación, en propuestas coherentes, de una trayectoria de muchas décadas.

Mientras, en muchas tertulias, medios y otras plataformas resulta frecuente incluso hoy en día, tratar de ignorar u ocultar esta trayectoria tratando de hacer creer a la gente que el nacionalismo vasco institucional de hoy vive anclado en las ideas del fundador del PNV Sabino Arana, tan hijo de su tiempo como Cánovas del Castillo.  El mencionado político español, como todo el mundo sabe, fue uno de los más acendrados defensores de la esclavitud. Estoy segura que ninguno de quienes le nombran como ideólogo de la moderna nación española, que nadie de los que propusieron dar su nombre a calles, plazas y fundaciones, será partidario hoy del tráfico de seres humanos.  Todos hacen lecturas sincrónicas de su aportación a la historia que están prohibidas en el caso del fundador del PNV. Quizá porque una mera revisión de la evolución de este partido arroja una trayectoria social y democrática que muchos no pueden exhibir.

La segunda cuestión es también otra constante. La normalidad con que se asume en Europa que el Concierto vasco y el Convenio navarro son sistemas fiscales autónomos contrasta con la contumacia con que se miente a los españoles sobre su real significado, alcance, funcionamiento y resultados económicos. Mientras el Tribunal de Justicia de Luxemburgo recuerda que ambos sistemas tienen autonomía económica, institucional y normativa, lo que implica que sus gestores cargan con todos los riesgos que implica la gestión fiscal, mientras que el Parlamento Europeo los ha considerado en sus informes sobre la fiscalidad europea un estímulo para la responsabilidad fiscal y una gran herramienta antidéficit, en España se siguen presentando como una antigualla y un privilegio.

La mejor demostración de que quienes lanzan estas descalificaciones saben que mienten es que jamás les hemos visto pidiendo para si tamaña bicoca. Una antigualla que ha activado en el caso vasco intensísimas y exitosas políticas de apoyo a la economía real que son referencia en Europa. Lógico porque sin recaudación no hay gasto, una experiencia que no parecen añorar los gestores de las autonomías que se financian vía LOFCA. Un régimen que, pese a lo que se dice con una contumacia tan osada como ajena a la verdad y a los hechos aporta muy por encima de lo que le corresponde al erario común vía cupo, aportaciones al fondo de solidaridad y financiando esa gran broma que es en España la deuda pública. Un privilegio tan indiscutible que fue impuesto a los territorios vascos tras las guerras carlistas como castigo por la fuerza de las armas.

Por eso esta ronda de Urkullu en Bruselas, por la normalidad con que se ha desarrollado, por la seriedad la seriedad y tranquilidad que transmite me confirma en lo acertado de la estrategia política adoptada por el nacionalismo institucional desde que asumió las primeras facultades de autogobierno tras la dictadura. Mientras muchos miran el dedo que señala la luna, mientras se centran en el ángulo que describe, en la limpieza de la uña…mientras  avientan absurdas polémicas y se lanzan a la descalificación, se pierden lo sustancial: La luna. Su resplandor nace del esfuerzo que desarrollan quienes tienen perfectamente claro el objetivo, trabajan por él y poco a poco van consiguiendo que lo vasco tenga identidad sobre la mejor de las bases. Su existencia como una sociedad viable y cohesionada.

Secciones
#OrainEuskadi#OrainOpinión#OrainPortada

Relacionado con