El Cupo que viene (Un artículo de Pedro Luis Uriarte)

El 10 de noviembre se produjo una buena noticia: el Consejo de Ministros aprobó dos significativos Proyectos de Ley para Euskadi. En primer lugar, el que acompaña al Pacto...
Pedro Luis Uriarte
Pedro Luis Uriarte

El 10 de noviembre se produjo una buena noticia: el Consejo de Ministros aprobó dos significativos Proyectos de Ley para Euskadi.

En primer lugar, el que acompaña al Pacto sobre la nueva metodología de cálculo del Cupo 2017-2021, alcanzado el pasado 19 de julio. Y en segundo lugar, un conjunto de modificaciones que, aunque son puramente técnicas, sin embargo, en conjunto, son beneficiosas para el País Vasco.

Quizá la doble noticia te pudo pasar desapercibida, ante el alud de acontecimientos que estamos viviendo… y los que están por venir. Y por esta razón me vas a permitir que la comente, centrándome sobre todo en lo relativo al Cupo.

¿La aprobación AHORA de este Proyecto de Ley es para echar las campanas al vuelo? Pues tal vez te extrañe mi opinión, pero esta es NO. Lo afirmo así porque lo importante se produjo en aquella reunión de la Comisión Mixta del Concierto, celebrada el mes de julio. Fue un gran logro y hay que volverlo a reconocer así.

El texto del Proyecto de Ley remitido a las Cortes Generales tiene un solo artículo de tres líneas y una Disposición Final, también única, en la que se dice que la nueva Ley, que se aprobará previsiblemente en diciembre, “surtirá efectos desde el 1 de enero de 2017”.

Tras leer lo anterior, me figuro que te habrás preguntado: ¿cómo es posible una Ley tan corta? Y la respuesta no puede ser más clara: porque lo sustancial está en el Anexo que lo acompaña, que ocupa más de seis páginas. Ahí está contenido el Pacto alcanzado aquel 19 de julio.

Y, sin dármelas de adivino, me figuro que, aclarado lo anterior, te habrás preguntado ya: ¿a qué puede deberse que, tras la muy larga y dura negociación que permitió alcanzar aquel Pacto de julio, el Gobierno español haya tardado más de tres meses en redactar un Proyecto de Ley de cinco líneas?

Seguro que coincidimos en la respuesta: había que aprobar y comunicar el Proyecto de Ley que incorporaba el pacto alcanzado en el momento en que políticamente fuera más conveniente, para uno de sus firmantes: el Gobierno español.

Personalmente, pienso que es una mala práctica mezclar cuestiones institucionales (como pactar una Ley de Cupo que debe aprobarse, puntualmente, cada cinco años) con necesidades políticas, en determinadas coyunturas. No hay que mezclar churras con merinas, ni confundir peras con manzanas. Pero, tras décadas de seguir en la misma línea, ¿habrá que asumir que es “ley de vida” política? Una pena.

Ahora comienza la tramitación de esos dos Proyectos de Ley en las Cortes Generales. Y esta tiene una decisiva peculiaridad que quizá no conozcas: la propuesta presentada por el Gobierno español solo puede ser aprobada o rechazada, en su conjunto. En otras palabras, desde el acuerdo al que llegamos sobre la tramitación del Concierto de 1981, en los primeros meses de aquel año, ninguno de los dieciséis Proyectos de Ley presentados a las Cortes (estos hacen, por tanto, el décimo séptimo y el décimo octavo) han podido ser enmendados.

Y ello es así porque constituyen un Pacto previo entre el Estado y el País Vasco que las Cortes no pueden cambiar, sino solo aprobar (como ha ocurrido hasta ahora) o rechazar, como se hace con los Tratados Internacionales.

Para tu tranquilidad, esos dieciséis Proyectos de Ley ya aprobados (dos Conciertos, seis Leyes de Cupo y ocho modificaciones del Concierto) han tenido un apoyo elevadísimo en el Congreso de los Diputados.

He sumado los votos emitidos en esas dieciséis votaciones por los Diputados y, salvo que me haya equivocado en la suma, han sido 4.318. Pues bien, el 87,1% han sido a favor y un minúsculo 0,9% en contra. Todos los textos previamente pactado fueron aprobados por amplísimas mayorías, como acabas de ver.

Y tras ello, uno, que es un ingenuo, se hace varias preguntas: si, como algunos defienden, el Concierto es un aceptable privilegio, ¿cómo es posible que los Diputados hayan respaldado dieciséis textos distintos entre 1981 y 2014, con diferentes partidos políticos en el Gobierno español y con diferentes mayorías parlamentarias? Pues ¡porque no es un privilegio!

Salvo que a lo largo de décadas se haya producido una conjunción astral o una “conspiración judeo-masónica” para favorecer a los vascos y vascas, esa es la única respuesta. Que además, puede extenderse a las decenas de descalificaciones, de orígenes variopintos, que padece nuestro Concierto y su “hijo legítimo”, el Cupo.

¿Qué ocurrirá con estos dos textos? Creo que también se aprobarán pero no será fácil. Y ello por cuatro razones que voy a tratar de explicar:

  • Primera, porque por primera vez, su contenido se ha pactado con un Gobierno que está en clara minoría parlamentaria. Se necesita(n) otra(s) fuerza(s) política(s) que aporten los votos que faltan, hasta alcanzar los 176.

  • Segunda, porque también por vez primera, tiene una representación significativa en el Congreso un partido que es enemigo del Concierto. ¿Has adivinado que se trata de Ciudadanos? Anteriormente hubo algunos partidos, felizmente desaparecidos (la cripto-franquista Alianza Popular, o los alegres y combatidos políticos de UPyD) pero no tenían el peso político de Ciudadanos.

  • Tercera, porque la coyuntura está amenazada por las elevadísimas tensiones que está introduciendo en la vida política la crisis de la relación de Catalunya con el Estado. Estas pueden atemperarse o aumentarse tras las elecciones del 21 de diciembre. El resultado de las mismas, el signo del Govern que se forme y las resoluciones judiciales, pueden hacer virar el viento en una dirección o en otra.

  • Y cuarta, que las quince Comunidades Autónomas que no tienen Concierto o Convenio todavía están padeciendo las consecuencias de un sistema de financiación nefasto que tenía que haber sido sustituido por otro mejor (lo cual, como dirían mis nietos, “estaba chupado”) en 2014. Y todo lo que se refiera a impulsar, aprobando dos nuevas disposiciones que lo refuerzan, un régimen diferencial, como es el de Concierto, es “casus belli” para ellas.

Y, ante esta situación, ¿cómo respira, qué siente la sociedad civil vasca?

En mi posición de constante observador de lo que podríamos denominar “realidad concertada” la contestación mayoritaria, si estuviéramos ante una encuesta, sería: No sabe/No contesta. ¡Lamentable! Porque estamos hablando de un acuerdo que es sustancial, entre otras cosas, para los Presupuestos vascos de los próximos cinco años, de los cuales depende la calidad de vida de centenares de miles de personas.

La mayor o menor cantidad que se paga al Estado anualmente, en tres plazos diferentes, como Cupo, afecta indirectamente a los recursos que se van a destinar a Educación, Sanidad, Servicios Sociales, Carreteras, apoyo a la Innovación o al Euskera, y así un larguísimo etcétera. Y la mayor parte de la ciudadanía, en el limbo, en relación con una cuestión trascendental, no solo por razones políticas o simplemente históricas (¿habrá que recordar que el Concierto cumplirá esa bonita edad de ciento cuarenta años el 28 de febrero próximo?) sino porque afecta directamente al Estado de Bienestar de la población vasca.

Personalmente, confío en que, a pesar de todos los pesares, la Ley Quinquenal de Cupo 2017-2021 y el texto que modifica determinados aspectos del Concierto, salgan adelante. Con ello, quedará definido lo que, a lo largo de los próximos cinco años, habrá que pagar al Estado por las competencias no transferidas a Euskadi, y además, se habrá perfeccionado el contenido del Concierto, con avances significativos y muy positivos para el País Vasco.

Una vez más, como fruto de la convicción y la perseverancia, quedará definido el terreno de juego de las relaciones tributarias y financieras entre el Estado y el País Vasco para un periodo dilatado de tiempo. Algo muy valioso, porque equivale a estabilidad. Y en el mundo en que nos ha tocado vivir, esta vale ya más que el oro.

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