DE AQUELLOS POLVOS, ESTOS LODOS (Un artículo de Xabier Lapitz)

Me ha vuelto a ocurrir. Fue hablar Aznar y caerme bien Rajoy al instante. Me sucede cada vez que el carnicero de Irak abre la boca; en cuanto dirige...
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Me ha vuelto a ocurrir. Fue hablar Aznar y caerme bien Rajoy al instante. Me sucede cada vez que el carnicero de Irak abre la boca; en cuanto dirige un dardo contra alguien me asalta una solidaridad inmediata con el aludido. Dice Aznar que no se siente representado por nadie lo que, aplicando la propiedad conmutativa de que el orden de los factores no altera el producto,  significa también que nadie se siente representado por Aznar.  Luego está su ofrecimiento para liderar lo que queda del centro derecha (lo del centro es de traca) y su reivindicación de pureza en tiempos de fango. Y a mí me viene la foto de su Gobierno en la escalerilla de La Moncloa: 12 de 14 condenados, investigados o salpicados por los sobresueldos. Y en algunos casos, con un poco de todo. Porque nunca mejor estuvo dicho “de aquellos polvos, estos lodos”. Aquellos polvos fueron los que rodearon  la fastuosa y hortera boda en El Escorial, precisamente el lugar que Aznar eligió ayer para su perorata tras saltar la valla de Jurassic Park.

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